En vísperas de tu octavo cumpleaños quiero escribirte estas líneas de agradecimiento.
Sí leíste bien, son para agradecer todo lo que has venido a transformar mi vida.
Y es que desde el instante que sospeché que habitabas mi cuerpo te amé profundamente y comprendí que debería cuidarme para cuidarte a ti.
A lo largo de tu crecimiento me has llenado de lecciones grandes y es que finalmente tú me convertiste en mamá.
He comprendido que no pasa nada si al intentar comer solo te ensucias o tiras la comida, tampoco si al ir caminando te caes o te haces un chichón al jugar.
Hay cosas que la pomada y los chochos de árnica quitan en un instante pero también he aprendido a reconfortar tu corazón cuando algo o alguien te lastima.
Tan cerca de tu cumpleaños número ocho y no entiendo en que momento mi bebecito que gateaba con su pierna derecha metida y empujaba con la izquierda hoy juega Wii con tanta destreza.
Gracias momorito por enseñarme a ser enfermera, maestra, cocinera, niñera, amiga, psicóloga y sobre todo por enseñarme a ser mamá.
Te amo con todo mi ser y agradezco hoy a Dios que estés conmigo lleno de salud y energía listo para celebrar un año más de vida.
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